Investigadores estudiarán los cambios sociales y el uso de tecnología hidráulica de los primeros grupos humanos que vivieron en el desierto de Atacama

Quebrada Maní 12 es un sitio arqueológico, ubicado en medio del Desierto de Atacama, en la región de Tarapacá. Obtuvo el reconocimiento de la comunidad científica a mediados del 2013, cuando un grupo de arqueólogos y paleoecólogos de universidades chilenas y estadounidenses descubrió, en este lugar, vestigios de actividades humanas datadas en alrededor de 13 mil años. Esta fecha hace de Quebrada Maní 12 el asentamiento más antiguo del Desierto de Atacama, en el norte de Chile.

La investigación reveló que alguna vez Quebrada Maní 12, a pesar de estar ubicada en la franja más árida del desierto, fue un hábitat atractivo para un asentamiento humano que perduró por aproximadamente 800 años. Rastros milenarios de árboles como sauces, pimientos y algarrobos, revelan que alguna vez hubo agua.

Entonces, surgieron las preguntas: ¿Cuán distinto era el clima y el paisaje en ese entonces? ¿Cómo fue que un grupo humano supo aprovechar los recursos que aquí existieron para sobrevivir? ¿Por qué lo abandonaron? y ¿Cuáles fueron los factores sociales y ambientales que influyeron para que esta franja hiperárida del Desierto de Atacama fuera reocupada en más de una oportunidad a lo largo de su milenaria historia? Estas son algunas de las interrogantes que el proyecto anillo titulado “Cambios sociales y variabilidad climática a largo plazo en el desierto de Atacama”, intentará responder en los próximos tres años.

Calogero Santoro, Claudio Latorre, Mauricio Uribe, Antonio Maldonado y María Victoria Castro, son algunos de los destacados especialistas que participan en esta iniciativa, que reunirá investigadores seniors y emergentes, además de estudiantes de pre y postgrado de disciplinas como la arqueología y la paleocología. A través del trabajo de campo y análisis de laboratorio, intentarán aportar a conocer y explicar cómo las sociedades humanas, con diferentes niveles de organización social y tecnológica, respondieron a las condiciones hiperáridas fluctuantes del Desierto de Atacama, desde su primer poblamiento.

Al respecto, el paleocólogo Claudio Latorre explicó que “las poblaciones de esa época  no vivieron acá por coincidencia, ellas estaban en un paisaje que era muy diferente al actual, dado que probablemente la precipitación era mayor en la cordillera, lo que permitió que estas quebradas fluyeran y tuvieran bajadas de agua. Pero, además, los pueblos desarrollaron tecnologías sofisticadas, en las épocas que vivieron como cazadores recolectores y más tarde como agricultores, por lo que los llamamos sociedades hidráulicas, que tenían un manejo óptimo del agua (canales, diques, canchones de cultivo inundable) a lo largo de kilómetros dentro de las quebradas y hasta llegar a la pampa".

De esta forma, en lugares como Quebrada Maní o Ramaditas surgieron aldeas que sobrevivieron mediante la construcción y manejo de complejos sistemas hídricos y que desaparecieron por razones aún no bien conocidas.

Inicio del proyecto

El proyecto, que comenzó con un seminario-taller realizado en la comuna de Pica durante el mes de mayo, tiene el objetivo principal de comprender cómo las sociedades humanas organizaron sus sistemas sociales y hasta qué punto las fluctuaciones en los sistemas hídricos y en la disponibilidad de recursos provocó cambios en los patrones culturales. Al respecto, el arqueólogo y director del proyecto, Calogero Santoro, afirmó que se espera demostrar que las sociedades humanas desarrollaron estrategias eficaces de adaptación, las que les permitieron prosperar, incluso durante los episodios más extremos de estrés ambiental. “Nuestra área de investigación es la Pampa del Tamarugal, un laboratorio natural para estudiar estos cambios a largo plazo donde la mayoría de los miembros del equipo han llevado a cabo investigación científica en los últimos diez años”, comentó.

Complementando la investigación, el proyecto incorpora en sus objetivos la necesidad de proyectar esta investigación al ámbito social y público. “Desde una perspectiva histórica y antropológica –agrega el Dr. Santoro- esperamos que nuestros resultados orienten el uso sostenible de los recursos del Desierto de Atacama en el futuro. Con este fin, los equipos científicos participarán con las comunidades locales y otras esferas sociales interesadas en los distintos sectores críticos, como la minería, el turismo y los gobiernos regionales para mejorar las prácticas de gestión del patrimonio”.

El equipo de trabajo valora positivamente los conocimientos y comprensión del paisaje por parte de las comunidades tradicionales y espera gestar lazos de reciprocidad en pos del bienestar local. Por esto, una parte esencial de este proyecto, está enmarcada en la proyección de puentes entre comunidades locales, organismos civiles e instituciones estatales, y personas vinculadas a la historia de la región en estudio. Sin duda, este es uno de los aportes más importantes de este proyecto Anillo, en la medida que conociendo el pasado permitirá mejorar el futuro.

Apoyado por el Programa de Investigación Asociativa (PIA) de CONICYT, el proyecto reúne a especialistas de la Universidad de Tarapacá, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad Alberto Hurtado, la Universidad de Chile, el Centro de Investigación del Hombre en el Desierto y el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas.

Información periodística: Orietta Bravo Medici

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